viernes, 14 de octubre de 2016

Esos deseos incontrolables


El deseo es una de las energías más potentes que mueven el mundo. Indudablemente, junto con el amor y la pasión, el deseo es una de las fuerzas que más nos mantiene vivos. 

A veces, el deseo de algo o de alguien es tan vehemente que no podemos controlarlo y somos capaces de las más insospechadas hazañas, de las más inusitadas idioteces y, en fatídicas ocasiones, de las más atroces barbaridades. 
Veámoslo.


Nuestro deseo desprecia y abandona lo que tenemos para correr detrás de lo que no tenemos. 
(M. E. de Montaigne)


No desear nada es no vivir. (Paul Géraldy)

Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más. 
(Francisco de Quevedo)

Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos. 
(Voltaire)

El que se alimenta de deseos reprimidos, finalmente se pudre. (William Blake)





El deseo vence al miedo. 
(Mateo Alemán)




¡Oh, qué aprisa piensa un vehemente deseo que no hay más que lo que piensa! (Pedro Calderón de la Barca)




Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. (Horacio Quiroga)








El deseo adquiere sentido cuando soy capaz de transformarlo en una acción. (Jorge Bucay)




A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear. (Marcel Proust)





Haz todo lo necesario para conseguir tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo. 
(L.W. Beethoven)

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